Modesto Aceves, Francisco Belgodere y Andrea Fellner.
Foto: JLV, 2011
Por Modesto Aceves
Hoy nos encontramos reunidos en Casa ITESO-Clavigero, un monumento artístico de la nación y propiedad del Iteso A.C., para reconocer la labor docente del arquitecto y doctor Francisco José Belgodere Brito quien ha dedicado 50 años de su vida a la educación y 31 años a la formación de arquitectos en esta casa de estudios.
El doctor Belgodere nació en su casa paterna, en el pueblo de San Ángel Tenanitlán, Distrito Federal, el 19 de marzo de 1938. Su educación Primaria, Secundaria y Preparatoria, corrió a cargo de los hermanos lasallistas en el Colegio Cristóbal Colón de la Ciudad de México. Cursó las carreras de Arquitectura e Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México, así como la maestría y el doctorado en Historia en la misma universidad. Cuenta también entre sus estudios con un doctorado en Filosofía con especialidad en Historia del Arte Mexicano e Iberoamericano por la Universidad Complutense de Madrid, España.
Su interés por el patrimonio cultural inició a la edad de seis años cuando fue preparado para ser acólito por un tío sacerdote que era vicario en la parroquia de San Miguel Arcángel de la ciudad de México; parroquia cuyo edificio data del siglo XVII. Según cuenta el propio doctor, nunca podrá explicar cabalmente la fuerte impresión que le dio aquella hermosa construcción, causando un efecto muy positivo en él. Era como si el edificio le llamara a conocerle, recorriéndolo incluso a escondidas, sobre todo cuando los sacerdotes supieron que se perdía en todos los rincones del templo. Sucedió entonces que a los nueve años se cayó de una de las torres hacia la bóveda, a más o menos seis metros de altura. Afortunadamente no se mató, pero sufrió doce fracturas en una pierna. Con ello según dice, lleva la impronta de lo mucho que le atrae lo antiguo, en especial el arte y la historia.
Desde muy niño, se hizo muy aficionado a leer, sobre todo, temas de historia. En poco tiempo ya se le reconocía por sus conocimientos en historia de México, sobre todo del período virreinal, aunque sus lecturas incluían también la época prehispánica y el siglo XIX. Asimismo, Belgodere, gustaba de acercarse a la Edad Media, en la que con el tiempo logró convertirse en especialista, así como sobre otras épocas de su interés, ya que una cosa le iba llevando a la otra. Cuenta que en la secundaria se burlaban de él porque siempre llevaba un libro debajo del brazo o le veían leyendo a todas horas, por lo que tuvo que soportar bromas de los compañeros que incluso le quitaban los libros, llegando al extremo de quemar uno en su presencia.
Reconocido precisamente por esos conocimientos autodidactas, un buen día del año de 1961—en que aún cursaba la carrera de arquitectura en la UNAM—, se enteró con sorpresa de que una buena amiga suya de la infancia lo había recomendado para dar una clase para la que no encontraban profesor. Se trataba de la clase Seminario de la Revolución Mexicana, a través de lo cual descubrió que, lo del magisterio, era su vocación: una actividad a la que se volcó por el resto de su vida. Poco tiempo después de esta primera experiencia, inició sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad y empezó a dar clases en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Iberoamericana. Más tarde formó parte de un grupo de profesores que impartirían los llamados Cursos de Extensión Universitaria de la propia UIA, y guiarían excursiones por diferentes partes de la república, cosa que encabezaba el padre Ortolani, de la Compañía de Jesús.
Con el tiempo el doctor Francisco de la Maza (con quien mantuvo una relación de reconocimiento y aprecio mutuo) lo nombró su asistente para su cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, lo que le hizo pasar a ser profesor en la Escuela para Extranjeros de la misma UNAM, dependiente de la Facultad de Filosofía. A partir del año 1967, la Dirección General del Profesorado de la UNAM le otorgó una beca que concluyó en 1970. Como miembro del magisterio universitario, hizo algunos viajes por la República Mexicana, Iberoamérica y Europa, para tomar fotografías con las cuales ilustrar sus clases de arquitectura y arte en general. A partir de 1975 fue becado por parte del gobierno español a través del Instituto de Cultura Hispánica y terminada ésta, se le otorgó otra por parte del Instituto Español de Migración, para hacer el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Para ese entonces ya el 6 de julio de 1973 se había casado con María del Rosario Muradás Rodríguez, a quien cariñosamente llama Charo, con quien procreó en España a María Manuela. En España, el decano de la Facultad de Historia de la Universidad Complutense, don Manuel Ballesteros le pidió que impartiera conferencias, cosa que alguna vez hizo también don Enrique Marco Dorta, quien era el decano de la materia de Historia del Arte Virreinal Iberoamericano.
De regreso a México, fue reubicado en su antiguo puesto en la UNAM, donde por formar parte de un grupo de profesores a los que se llevaba por intercambio a otras universidades del país y del extranjero, lo enviaron a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (cabe mencionar aquí que ya, en 1974, lo habían enviado a los Estados Unidos de intercambio). Posteriormente le tocó venir a la Universidad Autónoma de Guadalajara y decidió quedarse a vivir aquí de manera permanente en esta ciudad por encontrarse aquí sus padres ya muy mayores.
Sus anteriores vínculos jesuitas lo motivaron a incorporarse al ITESO en donde ha permanecido a lo largo de estos treinta y un últimos años, siendo distinguido como padrino de varias generaciones y dándose a querer entre sus alumnos que le han manifestado diversas muestras de cariño y atenciones, aunque como él dice, “por como está el mundo siempre habrá algunos que no me puedan ver.” Y al mismo tiempo que impartía cátedra en la Universidad Jesuita de Guadalajara, lo hacía en la Universidad del Valle de Atemajac y en la Maestría en Restauración de la Universidad de Guadalajara; y desde 1986 ha impartido la clase de Arte Sacro y Filosofía de la estética a los frailes franciscanos de Zapopan.
Don Francisco, se ha dado tiempo para dedicarse también a escribir, siempre consciente de que ya es tiempo de devolver a los demás algo de lo que se le dio. Su primer libro fue su tesis de licenciatura en la Facultad de Filosofía y Letras, publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la propia UNAM, intitulado: El retablo de San Bernardino de Siena, en Xochimilco, D.F. Estudio formal y simbólico religioso. Después siguieron: El convento de El Carmen de San Ángel, D.F., Ed. Comisión Nacional de Arte Sacro; Curso vivo de historia de Michoacán, Tomos I y II, Ed. Fímax, Editores; Catálogo de construcciones artísticas civiles y religiosas de la ciudad de Morelia, publicado por la UNAM, la Universidad Nicolaíta y el Gobierno de Michoacán, realizado junto con Esperanza Ramírez; Obispos mexicanos del siglo XX, Editado por Libros Católicos y El espíritu lo guió. Anecdotario de la vida del beato Rafael Guízar y Valencia. Ed. Libros Católicos.
Escribió también la monografía de El teatro Degollado, de la que se han editado 4 re-impresiones realizadas, las dos primeras, por el Instituto Jalisciense de Bellas Artes; la tercera por el Gobierno de Jalisco y la cuarta por el Ayuntamiento de Guadalajara.
Otros libros escritos por Francisco Belgodere, algunos de los cuales cuentan con varias re-impresiones, son los siguientes:
Testimonios de Fe. Fundice Occidente; Personajes ilustres de Jalisco. Ed. Gobierno de Jalisco; Prólogo y notas a la Historia de la conquista de México de Antonio de Solís y Rivadeneira. Ed. Historia 16, Madrid; El mural de Zapopan. Ed. Ayuntamiento de Zapopan; El antiguo hospital de El Refugio de Tlaquepaque. Ed. Congreso del estado de Jalisco; El convento de Santa Teresa de Guadalajara. Ed. Congreso del estado de Jalisco; Ética para todos. Ed. Congreso del estado de Jalisco; Sucinta noticia sobre la historia de la música iberoamericana. Ed. Particular; Historia y geografía de Guadalajara; Ruta franciscana de Zapopan. Ed. Secretaría de Cultura del gobierno de Jalisco; Pedro Moreno, el héroe del Fuerte del Sombrero. Ed. Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco. Y en la actualidad espera en prensa el título: Teatros centenarios de Jalisco (Degollado, Rosas Moreno y Atequiza) que será editado por la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco. Asimismo, ha escrito cientos de artículos periodísticos de opinión y de temas afines a su profesión en el semanario “Por Escrito” de Guadalajara, en diversos diarios de esta ciudad y en revistas nacionales y extranjeras y coordinado la edición de varios libros que no son de su autoría. Fundó y dirigió la revista de “Fundice Occidente”.
A partir de 1995, inició su trabajo en el sector gubernamental ocupando diferentes puestos de dirección, tanto en la Secretaría de Cultura como en la Secretaría General de Gobierno y en los ayuntamientos de Guadalajara y Tlaquepaque. A lo largo de veintidós años ininterrumpidos, mantuvo un programa de radio en la emisora Radio Metrópoli de Guadalajara, cada ocho días, con temas alusivos a la cultura de México. Entre sus obras de restauración se cuentan: El retablo de Xochimilco; El Carmen de San Ángel; El Carmen de Salvatierra (1ª. Etapa); El Carmen de Orizcaba (1ª. Etapa); La Profesa, D.F. (1ª. Etapa); La Santísima, D.F. (1ª. Etapa). Su altruismo se constata de manera especial al revisar que sirvió como chofer voluntario en la Cruz Roja del D.F., haciendo guardia por varios años, cada ocho días y durante días especiales del año.
El doctor Belgodere ha sido una persona muy inquieta toda su vida. Hombre de Dios, profundamente religioso, casi monacal. Melómano empedernido que gusta de la carpintería y la mecánica automotriz. Amante de los Mercedes Benz y de los buenos autos. Siempre ha cuestionado la historia oficial y ha buscado reivindicar a aquellos personajes que, como él dice, tienen leyenda negra. Ha procurado prevenirnos con singular enjundia de los peligros del imperialismo yanqui e inculcarnos el amor por México, por lo prehispánico, por lo virreinal, por lo mestizo y por lo español.
Pero más que por todos sus títulos, publicaciones y restauraciones, hoy reconocemos que a lo largo de estos años, ha dejado una huella en aquellos que hemos pasado por sus clases. Independientemente de sus conocimientos en historia o música, sus principales lecciones han sido de educación, caridad fraterna, justicia y bondad.
Permítanme aquí, compartirles un recuerdo personal: mi primer acercamiento con el arquitecto Belgodere en la universidad. Nos había aplicado el primer examen de la clase de Historia de la Arquitectura I, en el cual un servidor había sacado una buena calificación pero mi examen tenía un sinfín de acentos corregidos con pluma roja. No le di mayor importancia en virtud de que, desde hace mucho, suelo escribir con mayúsculas; pero las situación cambió cuando una compañera me hizo saber que aunque el examen ostentara la calificación puesta por el profesor, éste no la pasaría a la lista hasta que hubiésemos escrito manualmente 30 veces la regla de ortografía que se hubiera quebrantado. De esta manera fue grande mi indignación ya que yo tendría que escribir 90 renglones con las frases de “todas las agudas terminadas en n, s, o vocal se acentúan”, “todas las graves que no terminen en n, s o vocal se acentúan” y por último “todas las esdrújulas se acentúan.”
Airado por semejante disposición obligatoria, digna de cualquier escuela primaria, me dirigí al escritorio del arquitecto a preguntarle el porqué debería escribir tantas veces las reglas de ortografía, a lo que sencillamente me contestó: “por favor”. Ante semejante respuesta, tan amable y tan educada, no me quedó sino ir directamente a cumplir con lo solicitado. Esta fue la primera lección importante que me enseñó de la vida: saber tratar bien a tus semejantes. Hoy estamos aquí para compartir con él la tarde y brindarle nuestras muestras de aprecio.
Muchas gracias doctor Belgodere por estos 50 años dedicados al magisterio y en especial por estos 31 años en el ITESO. Gracias por tu amistad, tu paciencia y dedicación, pero sobre todo, gracias por ser un hombre bondadoso y ser esa tu primera lección de vida.
Muchas gracias.
Guadalajara, Jalisco, 11 de octubre de 2011
Modesto Alejandro Aceves Ascencio
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